Paseo hasta San Antonio de los Alemanes

Esta joya, escondida en una estrecha calle próxima a la Gran Vía, presenta un exterior austero, limpio, post-herreriano, que no nos permite imaginar lo que vamos a encontrar al atravesar su umbral.

Un sonriente San Antonio de Padua, obra del gran escultor portugués Manuel Pereira, nos invita a entrar.

Y quedamos boquiabiertos.

En una explosión de color, movimiento y vida, el mensaje del barroco religioso se nos aparece en toda su fuerza. Impresiona con el mismo poder con el que pudo impactar a los devotos del S. XVII.

Como en una escenografía teatral, en un gran tapiz que descorren los ángeles, se nos muestran los ingenuos milagros de San Antonio de Padua, bellamente pintados al fresco por el gran pintor Luca Giordano.

De forma deslumbrante, los creyentes reconocían y revivían la caridad y la ternura de las obras del Santo. Y coronándolo todo, un gran rompimiento de gloria en el que el cielo se abre y la Virgen deja a su hijo volar hacia los brazos de San Antonio. Una verdadera “Capilla Sixtina del Barroco”.

La iglesia fue en sus inicios Hospital de Portugueses, para atender a los súbditos de esa nacionalidad que venían a la Corte; más tarde, al perder la Corona Española el Reino de Portugal, se convirtió en Hospital de Alemanes, dedicado a atender a los alemanes que acompañaban al séquito de Dña. Mariana de Neoburgo, que vendrá para casar con Carlos II.

En la actualidad la iglesia está gestionada por la Hermandad del Refugio

La visita nos permitió también escuchar -de la voz de Mónica, nuestra guía- un breve repaso de la historia de aquella época en España. En pleno período de la Contrarreforma se hacía necesario afirmar la fe católica de la autoridad real. Así, en la iglesia se muestran las vidas ejemplarizadoras de algunos santos y los retratos de los reyes y reinas que hicieron posible esta obra.

En nuestra memoria queda este paseo sorprendente y mágico.