Minicuentos

Presentación

Minicuentos

Reseña de seis minicuentos de cinco autores diferentes, correspondientes a diversas épocas, entre el siglo I y el siglo XX.

La tradición del cuento se remonta al origen del ser humano, por su sencillez de comunicación y su aplicación inmediata a la vida de cada día. Y, por las mismas razones, desde siempre han existido relatos mucho más breves, pequeñas historias y anécdotas, fáciles de recordar y de repetir por transmisión oral. Acertijos, pequeñas intrigas, relatos jocosos o picantes están recogidos en todas las tradiciones y culturas.

Este mes de septiembre de 2015, para la vuelta de las vacaciones, hemos seleccionado en RelatABA seis de estos minicuentos, de apenas unos renglones, que abarcan desde el siglo I al siglo XX y que quizá provoquen una sonrisa o un instante de relajación entre nuestros lectores.

Texto adaptado. Minicuentos

Petronio, Roma, 27-66 

Epitafio de una perra de caza

La Galia me vio nacer, la Conca me dio el nombre de su fecundo manantial, nombre que yo merecía por mi belleza. Sabía correr, sin ningún temor, a través de los más espesos bosques, y perseguir por las colinas al erizado jabalí. Nunca las sólidas ataduras cautivaron mi libertad; nunca mi cuerpo, blanco como la nieve, fue marcado por la huella de los golpes. Descansaba cómodamente en el regazo de mi dueño o de mi dueña y mi cuerpo fatigado dormía en un lecho que me habían preparado amorosamente. Aunque sin el don de la palabra, sabía hacerme comprender mejor que ningún otro de mis semejantes; y, sin embargo, ninguna persona temió mis ladridos.

¡Madre desdichada! La muerte me alcanzó al dar a luz a mis cachorros. Y, ahora, un estrecho mármol cubre la tierra donde yo descanso.

Petronio, Roma, 27-66 

El lobo

Logré que uno de mis compañeros de guarnición -un soldado más valiente que Plutón- me acompañara. Al primer canto del gallo, emprendimos la marcha; todavía brillaba la luna como el sol a mediodía. El camino pasaba junto a unas tumbas. Mi compañero se para; empieza a conjurar astros; yo me siento y me pongo a contar las columnas y a canturrear. Al rato me vuelvo hacia mi compañero y lo veo desnudarse y dejar la ropa al borde del camino. De miedo se me abrieron las carnes; me quedé como muerto: lo vi orinar alrededor de su ropa. Se convirtió en lobo.

Lobo rompió a dar maullidos y huyó al bosque. Fui a recoger su ropa y vi que se había transformado en piedra. Desenvainé la espada y temblando volví a la guarnición; allí no dije nada y me las arreglé para llegar a casa. Melisa se extrañó de verme llegar más temprano de lo esperado.

Pues si hubieras llegado un poco antes -me dijo- hubieras podido ayudarnos: un lobo ha penetrado en el redil y ha matado las ovejas; fue una verdadera carnicería; logró escapar, pero uno de los esclavos le atravesó el pescuezo con la lanza. No respondí.

Al día siguiente, antes de regresar a la guarnición volví por el camino de las tumbas. En el lugar en que había quedado la ropa petrificada había ahora una gran mancha de sangre. Entré en la guarnición; el soldado estaba tendido en un lecho. Ha sangrado como un buey,- me dijeron; un médico estaba curándole el cuello.

Feng Meng-lung, China, 1574-1646 

El dedo

Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.

-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.

-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.

 

Robert Burton, Inglaterra, 1577-1640 

Un tercero en discordia

En su Vida de Apolonio, refiere Filostrato  la historia de  Menicio Lipio.

Menicio era un mancebo de veinticinco años, que,   en el camino de Corinto encontró a una hermosa mujer, la cual tomándolo de la mano, lo llevó a su casa y le dijo que era fenicia de origen y que si se demoraba con ella, la vería bailar y cantar y que beberían un vino incomparable y que nadie estorbaría su amor. Asimismo le dijo que siendo ella placentera y hermosa, como lo era él, vivirían y morirían juntos.

El mancebo, que era un filósofo, sabía moderar sus pasiones, pero no ésta del amor, y se quedó con la fenicia y por último se casaron. Entre los invitados a la boda estaba Apolonio de Tiana, que comprendió en el acto que la mujer era una serpiente, una lamia, y que su palacio y sus muebles no eran más que ilusiones. Al verse descubierta, ella se echó a llorar y le rogó a Apolonio que no revelara el secreto.

Apolonio habló; ella y el palacio desaparecieron.

 

Max Aub, España, 1903-1972 

Hablaba y hablaba

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo.

Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro. 

 

Andrea Bocconi, Italia, 1950- 

Tranvía

Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. “Amplia sonrisa, caderas anchas… una madre excelente para mis hijos”, pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.

Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? No debía responder, ni siquiera lo conocía. Dudó.

Ella bajó. Él se sintió divorciado: “¿Y los niños, con quién van a quedarse?”

4 comentarios en Minicuentos

  1. Jesus gonzalez alonso says:

    Me ha encantado este detalle q habéis tenido. Los relatos me gustan y seguiré vuestra actividad.
    Un cordial saludo

  2. Carmen Espinosa Llamas says:

    Gracias por este regalo en forma de palabras. Olvidarse de la rutina por unos momentos y sumergirse en una buena lectura, tan breve, tan completa…ha sido una delicia. Espero seguir recibiendo este bien.

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