La madre: Madreagua, Magüí, La Llorona, Madremonte

Presentación

La madre. Madreagua, Magüí, La Llorona, Madremonte (1400-1600)

RelatABA se suma al Día de la Madre.

Pero, habida cuenta de las numerosas formas de acercarse a la figura de “La madre”, hemos intentado ofrecer una perspectiva algo diferente: ¿cómo se ve a la madre en las leyendas de los países centroamericanos?

Estas breves leyendas de Colombia, Cuba, México, Costa Rica nos ofrecen una rica visión de los innumerables matices que la figura materna evoca en todas las culturas, en todas las épocas, en todos los continentes. Aquí se advierte el carácter poderoso, mágico, seductor, pero -por ello mismo- inquietante, de la figura materna. Por encima de todo, el amor, la pasión por los hijos, pasión que hace de la madre un mito de poder y resistencia.

Siga leyendo estas pocas páginas de La madre en las leyendas americanas: Madreagua, Maguí, La Llorona, Madremonte (1400-1600). Leyendas anónimas precolombinas y de la época del descubrimiento.

Textos adaptados. Leyendas anónimas precolombinas y de la conquista.

La madre. Madreagua, Magüí, La Llorona, Madremonte (1400-1600)

Madreagua (Colombia)

La Madre de Agua o Madreagua es un mito folclórico en la zona de los ríos de Antioquia, Tolima y el Magdalena Medio, en Colombia. Aparece como una mujer joven muy bella, de cabellos de oro y ojos de color azul; con una mirada penetrante y con una fuerza hipnótica de atracción. Es una verdadera ninfa de las aguas, que deja rastros azules en dirección contraria a la que sigue.

Los campesinos creen que la Madre de Agua es una bella joven española que se enamoró de un apuesto joven indígena, con quien tuvo un niño. Cuando el padre de la joven tuvo conocimiento del amaño indígena-hispánico, hizo ahogar al niño frente a sus padres, y, ante la bella española, mató al amante indígena. Con la mirada perdida, Madreagua busca a su joven amante indio y al hijo que fuera arrojado a la corriente por el abuelo español, que nunca aprobó su amor por el aborigen.

La Madre de Agua busca a los niños, los llama con ternura y los atrae con dulzura y amor maternal. Pero esta fuerte atracción preocupa a las familias. Los niños hechizados por Madreagua sueñan con la bella madre rubia que los adora y la llaman con frecuencia. Cuando están cerca del río, los niños escuchan su voz y la siguen tirándose a las aguas con gran peligro.
Magüí (Cuba)

La Madre de agua, o Magüí, es una mítica criatura presente en el folklore de Cuba. Las diversas leyendas cubanas pintan a la Madre de aguas como una gigantesca serpiente majá muy grande y ancha con el grosor exacto de una palmera, que, además, poseería dos protuberancias en la región frontal como cuernos, y escamas tan gruesas y distribuidas inversamente a como se presentan en el resto de las serpientes majaes, lo que hace que ni las balas le entren en su cuerpo.

Se dice que habitarían en ríos y lagunas que nunca se secarían mientras una de ellas viva allí. Además vivirían centenares de años y todo aquel que trate de matarlas o capturarlas, morirá. También se dice que es un temible animal que cuando está hambriento sería capaz de poder engullirse un ternero completo sin problemas.

La Llorona (México, Costa Rica, Centroamérica)

Las leyendas de La Llorona son un conjunto de múltiples historias que se han contado en estas tierras nuevas desde antes de que los españoles llegaran. Se dice que es el espectro o figura fantasmal más popular de Costa Rica, pero se puede afirmar que lo es de Latinoamérica.

Su historia se remonta a la época precolombina, no sabemos cuántos años antes del arribo europeo. Entre los purépechas de Michoacán (México) es Auicanime, La Necesitada, diosa del hambre; Xtabay es el nombre que le dan los mayas lacandones, una mujer hermosa que se aparece por los caminos y mata a los hombres que intentan amarla; Xonaxi Queculla se manifestaba por senderos solitarios para robar el alma de los zapotecos y llevárselos al inframundo.

Bernardino de Sahagún, fraile franciscano que vivió en la Nueva España en la época de la conquista de México, recoge en sus obras un pasaje que narra la aparición de una mujer vestida de blanco, que lanza grandes voces y brama sobre las aguas del lago Texcoco, llorando por sus hijos. La llama Chocacíhuatl (“chokar”, llanto, “cihuatl”, mujer), literalmente, “Llorona” en el lenguaje náhuatl de los antiguos habitantes del valle de México. Es la primera de las cihuateteos, las mujeres guerreras que han muerto al dar a luz y que los aztecas veneran cuales diosas. Y en la noche previa al arribo de los conquistadores, por todas las calles de Tenochtitlan se escuchó el gemido de una mujer vestida de blanco, con el pelo negro alborotado, que bajó corriendo por la calle Tacuba hasta el lago, y allí desapareció, gritando desesperada “Ay mis hijos, ay mis hijos…”. Es el sexto presagio de la caída del Imperio Azteca.

Después de la conquista de México, el espectro de esta mujer siguió apareciéndose por las calles de la capital novohispana, descendiendo hasta la Plaza Mayor, donde descansaba el Templo Mayor a Huitzilopochtli, dios de la guerra, hasta el lago Texcoco, donde se desvanecía. Algún hecho de sangre ocurrió en el México colonial, que los españoles comenzaron a contar que era el alma en pena de una mujer que, por un amor no correspondido, había matado a sus hijos ahogándolos en el lago.

Es a este espíritu al que le canta Chavela Vargas aquélla que dice:

“Ay de mí, Llorona, Llorona,
Llorona llévame al río,
Tápame con tu rebozo, Llorona,
Porque me muero de frío.”

Madremonte (Colombia y Sudamérica)

Los campesinos y leñadores que la han visto, dicen que es una señora corpulenta, elegante, vestida de hojas frescas y musgo verde, con un sombrero cubierto de hojas y plumas verdes. No se le puede apreciar el rostro oculto por un sombrero. Hay mucha gente que conoce sus gritos o bramidos en noches oscuras y de tempestad peligrosa. Vive en sitios enmarañados, con árboles frondosos, alejada del ruido de la civilización y en los bosques cálidos, con animales dañinos. Los campesinos cuentan que cuando la Madremonte se baña en las cabeceras de los ríos, estos se enturbian y se desbordan, causan inundaciones, borrascas fuertes, que ocasionan daños espantosos.

La Madremonte castiga a los que invaden sus terrenos y pelean por linderos; a los perjuros, a los perversos, a los esposos infieles y a los vagabundos. Maldice con plagas los ganados de los propietarios que usurpan terrenos ajenos o cortan los alambrados de los colindantes. A los que andan en malos pasos, les hace ver una montaña inasequible e impenetrable, o una maraña de juncos o de arbustos difíciles de dar paso, borrándoles el camino y sintiendo un mareo del que no se despiertan sino después de unas horas, convenciéndose de no haber sido más que una alucinación, una vez que el camino que han trasegado ha sido el mismo.

El mito es conocido en Brasil, Argentina y Paraguay con nombres como: Madreselva, Fantasma del monte y Madre de los cerros. Dicen que para librarse de las acometidas de la Madremonte es conveniente ir fumando un tabaco o con un bejuco de adorote amarrado a la cintura. Es también conveniente llevar pepas de cavalonga en el bolsillo o una vara recién cortada de cordoncillo de guayacán; sirve asimismo, para el caso, portar escapularios y medallas benditas o ir rezando la oración de San Isidro Labrador, abogado de los montes y de los aserríos.

2 comentarios en La madre: Madreagua, Magüí, La Llorona, Madremonte

  1. Marta Moya says:

    Me ha encantado…cuánto poder tiene la mujer como tal, como madre, cuánto temor despertamos ¡¡¡
    Gracias¡¡¡

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