El ciudadano Pereira

Presentación

El ciudadano Pereira (1969)

El ciudadano Pereira no es un cuento. Se aproxima más a un breve comentario periodístico, con ese toque de ironía y expresividad que Cela prodigó en sus colaboraciones con la prensa escrita.

Trayéndolo a nuestro Rincón de lectura pretendemos ofrecer unos minutos de relajación a nuestros lectores y permitir un paréntesis y un contraste con la carga emocional de otros relatos.

Nota biográfica sobre Camilo José Cela (1916-2002)

Camilo José Cela Trulock (Iria Flavia, A Coruña, 1916 – Madrid, 2002) es un escritor y académico español, galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

Cela fue muchos «Celas» a lo largo de sus 85 años de vida; el Cela andarín, el costumbrista, el provocador, el maestro, el sabio, el caballero, el erótico… el vagabundo narrador de excepcionales libros de viajes.

Autor de inolvidables relatos como La familia de Pascual Duarte, La colmena, Viaje a La Alcarria, en 1957 es elegido miembro de la Real Academia Española. Ha obtenido el Príncipe de Asturias de las Letras (1987), el Nobel de Literatura (1989) y el Miguel de Cervantes (1995).

Texto adaptado. El ciudadano Pereira (1969)

“Los ejércitos del general Yang-Tse-Kiang, apoyados por la artillería del general Hoan-Ho, libran una cruenta batalla con las tropas del insurrecto Tien-Tsin en las estribaciones de la llanura de Chiang-Kai-Check.”

Estamos a comienzos de la década de 1960 y las radios de todo el mundo lanzan sin cesar noticias de la guerra en China, en las que no se sabe bien si los ríos avanzan o reculan; si los generales sirven de barreras naturales y de muros de contención y si los nudos de comunicaciones se deciden por fin a tomar un avión y liarse a hacer visitas estratégicas. De todas las guerras, que siempre suelen ser un lío, ninguna es un lío tan rollizo como la guerra de China, que es una guerra en chino.

En medio de este desbarajuste ha brillado, como un rayito de ilusión y de esperanza, en la prensa de estos días, un nombre familiar, sonoro y celtibérico que nos ha llenado el ánimo de consuelo: el nombre de Pereira que, como el lector podrá colegir, no se trata del nombre de un chino, sino del nombre de un gallego, natural de la provincia de Lugo, quizá de la Tierra de Gayoso o del Concejo de Burón, y que, sin que los espíritus lógicos se lo expliquen demasiado satisfactoriamente, está de alcalde en Hanoi, que es una ciudad que tiene su importancia.

Quizá por su poético nombre -campo de perales-, pues es bien sabido que los chinos se perecen por la poesía, quizá porque nadie es profeta en su tierra, lo cierto es que Pereira, el ciudadano Pereira, que muy bien pudiera ser que se llamase Pepiño, Pepiño Pereira, o Farruquiño, o Luisiño, está de alcalde en Hanoi.

Se atribuye al cardenal Richelieu la frase: “Haced cónsul a un gallego, que él se buscará el consulado”. No se nos antoja excesivamente descaminado el cardenal. Nuestros paisanos tienen la virtud de la adaptación y el don divino de ser algo así como el comodín del póker, y lo mismo sirven para un roto que para un descosido, e igual lucido y provechoso papel hacen de recaudadores de contribuciones en las Nuevas Hébridas que de parteros en el Sudán o de jefes de estación en Kapurtala. El buscarse el consulado es cosa de ellos, y el consulado -todo depende- tanto puede ser un bastón con borlas en Hanoi, como un gang en Chicago, o una credencial de amaestrador de pingüinos en el Polo Sur.

El ciudadano Pereira, a los gallegos se nos antoja el símbolo de la raza, y los gallegos nos sentimos orgullosos de saber que en los mundos más remotos, allá donde ir de incógnito, teóricamente, no tendría razón de ser ni justificación posible, siempre un camarero o un rey, nos sonreirá para decirnos

¿No se acuerda usted de mí? Yo fui bedel en el Instituto de Santiago de Compostela, allá en los tiempos de la Dictadura. ¿No recuerda? Yo a usted lo conocí en seguida: usted es el nieto de don Juanito, ¿verdad?